A menudo ignoramos que cuando uno quiere perder unos kilos, la salud es tan importante como la comida. Efectivamente, para evitar el exceso de peso, es importante dormir bien y realizar ejercicio de manera periódica.Alimentación y sueño

Cuando el sueño se convierte en algo secundario.

El stress al que nos lleva nuestra vida cotidiana puede llevarnos también a padecer insomnio. El ritmo de trabajo, quedarse hasta tarde por la noche, TV, pantallas del ordenador, teléfono móvil, tablets… perturban nuestro equilibrio y provocan que no descansemos lo suficiente como para poder recargar las pilas.

El 20% de los españoles tiene problemas para dormir de forma ocasional, según asegura la Sociedad Española del Sueño.

La falta de sueño conlleva a perdida de energía, poca concentración, fatiga, pero también tiene consecuencias para la salud. De hecho, disminuye la resistencia microbiana debido al debilitamiento del sistema inmunológico provocando enfermedades estacionales como gripe, bronquitis etc.

Las personas que duermen menos presentan mayor probabilidad de consumir más alimentos ricos en grasas e hidratos de carbono refinados, así como menores proporciones de verduras, lo cual incide en nuestra salud, sumando a  la falta de descanso el aumento de peso.

La falta de sueño hace que aumente considerablemente el consumo de grasas y azúcares, que luego se almacenan en los muslos, abdomen y brazos. El metabolismo basal se interrumpe y por lo tanto se gastan menos calorías en reposo. Un gasto metabólico basal con baja energía, pero con un fuerte consumo de calorías contribuye a la dificultad de la pérdida de peso, incluso se manifiesta con un aumento de peso bastante rápido.

El riesgo de sobrepeso y obesidad se ha incrementado un 34% en mujeres y un 50% entre los hombres que duermen menos en comparación con las personas que duermen más tiempo y con una buena calidad de sueño. Y sí además, como resultado de la falta de sueño, a veces inconscientemente, nos movemos menos, y comemos más…

Comer bien para mejorar el ritmo de sueño.

Llevar una dieta equilibrada y regular durante el día es esencial para establecer un reloj biológico estable. El tiempo entre la cena y el desayuno del día siguiente es largo casi más de ¡8 horas! Y si el cuerpo no ha ingerido la energía suficiente, el sueño se ve resentido y paga las consecuencias. Por lo tanto, aunque es recomendable una cena ligera, ésta debe ser lo suficientemente nutritiva como para mantenernos durante toda la noche. También es importante tomar alimentos saludables en vez de alimentos demasiado grasos y/o demasiado dulces que pueden causar problemas de digestión o incluso promover el almacenamiento de grasa durante la noche.

Por otra parte, un buen sueño comienza con un buen nivel de azúcar que permanezca estable durante todo el día. Por ello, es importante respetar el horario de 3 comidas al día para evitar picos de insulina y cansancios repentinos durante el día. La cena se debe hacer entre 2 a 3 horas antes de acostarse para que la digestión se realice en buenas condiciones.

Una buena comida es importante para la calidad del sueño. Por lo tanto escoge cereales integrales como el arroz, que ayudan a los insomnes gracias a su alto contenido en almidón que  promueve la producción de serotonina (hormona con propiedades sedantes) durante su asimilación en el cuerpo. Mantener un buen suministro de fibra con verduras cocidas o crudas para una buena digestión.

Evita las bebidas con alto contenido en cafeína y alcohol que contienen estimulantes que pueden perturbar el sueño e incluso retrasar el inicio del sueño. Además, se recomienda no tomar cafés, bebidas estimulantes como el té o refrescos, seis horas antes de acostarse.

Por último, no es aconsejable hacer deporte antes de ir a dormir ya que puede impedir el sueño.