En la cultura oriental, concretamente en Japón, hace miles de años que se utilizan las algas como base de su alimentación y en la occidental ya se aprecian algunas de sus cualidades. Son un recurso gastronómico excelente, ya que aparte de utilizarse como ingrediente de ciertos platos como sopas o ensaladas, también se usan como espesante a la hora de elaborar gelatinas, salsas, cremas o mermeladas. Además, son una importante fuente de minerales, fibra y proteínas.

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En general, las encontramos secas, de ese modo las podemos guardar en mejores condiciones durante más tiempo, a ser posible protegidas de la luz y de la humedad. Antes de usarlas es necesario rehidratarlas. Al hacerlo aumentan de tamaño, por lo tanto debemos procurar primero utilizar una pequeña cantidad, para la ensalada será al gusto y para condimentar un guiso por ejemplo bastará con 2 o 4 centímetros.

Las algas al proceder del mar tienen un alto contenido en yodo, por lo tanto hay que tener presente no abusar de este alimento, ya que un exceso de yodo provoca que nuestra tiroides funcione más de la cuenta pudiendo acarrear problemas futuros en ella.  Las personas que ya tienen un problema diagnosticado en esta glándula deben evitar su ingesta.

El alga espirulina es famosa por aportar vitamina B12, nutriente que colabora en la formación de los glóbulos rojos y el buen funcionamiento del sistema nervioso central, pero esta vitamina solamente se absorbe de los alimentos de origen animal, por lo tanto si alguien lleva a cabo una dieta vegana, en la que no se ingieren lácteos ni huevo, será necesaria suplementación.