El pepino es un fruto de la familia de las Cucurbitáceas, como  la sandía, el melón o la calabaza. Esta hortaliza es propia del verano, de junio a septiembre para ser exactos, pese a que hoy en día gracias a los invernaderos la podemos encontrar a lo largo de todo el año.

Introducir este alimento en nuestra dieta nos aporta pequeñas cantidades de vitamina C, provitamina A, vitamina E, vitaminas del grupo B tales como folatos, B1, B2 y B3. Su piel contiene betacaroteno, pero una vez pelado su contenido es casi inexistente.

El pepino aporta muchos beneficios para nuestro organismo. Es un alimento que aporta mucha fibra y pocas calorías, por lo tanto es un excelente ingrediente para dietas hipocalóricas.  Por otro lado, es muy depurativo, ya que es rico en potasio y pobre en sodio, hecho que favorece la eliminación del exceso de líquidos del organismo. En casos de hipertensión, hiperuricemia o retención de líquidos el consumo de pepino aún está más indicado.

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Es muy digestible, incluso ingiriendo su cáscara siempre está tierno, aunque es más aconsejable retirarla. Es preferible no añadir sal en exceso, ni vinagre, ya que estos condimentos suelen dificultar su digestión, provocando además que pierda sus cualidades depurativas.

Numerosos estudios han constatado que el beta-sitosterol presente en esta hortaliza aporta una acción antiinflamatoria e hipoglucemiante, además de favorecer el sistema inmunitario. Por lo tanto el pepino es muy recomendable en casos de artritis reumatoide y diabetes.

Esta hortaliza se consume preferentemente cruda, en forma de ensalada o como ingrediente del gazpacho. Se puede servir gratinada con salsa bechamel o rellena de carne.  También la encontramos en forma de encurtido, conservada en vinagre, pudiendo ser un excelente aperitivo bajo en calorías.